Cervezas Fernández Pons es una empresa familiar, nacida en el año 2009 por cuatro hermanos (uno de ellos enólogo) con la idea de hacer cerveza de calidad para poder competir en el mercado actual.
Tras años de aprendizaje, la familia adquirió una bodega en Casas del Rey, una pequeña aldea en el Parque Natural de la Hoces del Río Cabriel, Valencia. La elección de tan remoto lugar fue por la calidad del agua del manantial de la zona.
Para sus cervezas usan tanto malta como lúpulo de producción casera, mezclados con malta belga y lúpulo escocés intentando así dar complejidad a sus cervezas, y haciendo especial hincapié en la calidad del agua utilizada.
Otro de los puntos importantes donde quieren destacar, es en el apartado de sostenibilidad. Principalmente generan dos tipos de residuos: el bagazo (restos de la malta utilizada para la elaboración de cerveza, rico en proteína y fibra) que el pastor del pueblo recoge para alimentar a sus ovejas, y las hojas del lúpulo, cuyos restos sirven como abono.
Hasta ahora dos son las cervezas que elaboran: "Altura de vuelo" y "1840".
MARCA: Fernández Pons
MODELO: 1840
ESTILO: Blond Ale (6,4% ABV)
PAÍS: España
CARACTERÍSTICAS:
No conocía esta cervecera así que adquirí una botella de esta 1840 sin saber muy bien que es lo que me iba a encontrar (poco después me la ofrecieron en un bar donde, consciente de tener una botella en el frigorífico, decidí declinar y optar por otra opción).
La cerveza aparece en el vaso con un color ámbar, algo turbio que, con falta de luz, le da un tono algo más oscuro. Produce abundante espuma blanca de gran retentiva que poco a poco se va convirtiendo en una espuma cremosa pero muy ligera (ciertamente me pareció una textura extraña). Al apurar el líquido de la botella se derramaron, encima de la espuma, abundantes posos (personalmente es algo que no me molesta).
Su olor era a malta dulce, levadura, fruta tropical y un ligero aroma metálico.
La verdad no sabía que me iba a encontrar cuando el brebaje cayera en mi boca. El resultado fue...bastante suave. Ciertamente los 6,4 grados de alcohol le daban un cuerpo interesante, aunque también un cierto toque alcohólico, pero su sabor era un tanto insulso. Sólo la malta dulce sobresalía, sin excederse, junto con unos más que ligeros toques de levadura y fruta tropical que ya estaban presentes en el aroma.
El final es corto y ligeramente amargo.
Me pareció una cerveza con un sabor excesivamente suave, quizás sea buena para incorporar a algún guiso y darle un toque bueno, pero para saborearla directamente se me quedaba bastante corta, no mala pero sí "sosa".

